Poquita cosa…
26may/100

¡Reflexiones alegres para un día oscuro!

viernes, 19 de junio del 2009 a las 16:11

Nota de mi amiga María Elena Astorquiza

Hoy el día está un poco oscuro, casi deprimente, sin embargo me he propuesto hacerlo un día alegre, positivo.

Una vez le dije a uno de mis hijos que iniciaba una etapa importante en su vida, que me encantaría tener el poder de entregarle un certificado de felicidad, que le asegurara a él y a mí que su vida iba a ser feliz siempre. No pude dárselo, sólo entregarle todo mi amor y mi apoyo para siempre.

¡Cuántas veces hemos deseado tener en nuestras manos el poder de devolver la alegría y la esperanza a quienes tanto queremos y vemos sufrir, y el hecho de no poder hacerlo, nos llena de tristeza por la incapacidad de realizarlo!

Aunque he pasado mi vida tratando de fortalecer mi fuerza interior, reconozco que siempre me quedo corta con ello. Trabajé siempre con adolescentes, enseñando Biología y guiándolos a su preparación para la vida. Cada vez que en mi calidad de consejera u orientadora, conversé con alguno de ellos, puse mi alma en tener la capacidad de ponerme en su lugar y entender su problema desde su perspectiva. Lo mismo para orientarlos en los pasos a seguir para su futuro profesional.

La estrecha relación que forjé con cada uno de mis alumnos, me daba la retroalimentación necesaria para saber que mis esfuerzos no habían sido en vano. El verlos sonreír de nuevo y participar con alegría en el grupo, volviendo a mí para contarme como habían cambiado las cosas en el curso o en su hogar, eran un estímulo más que suficiente para seguir poniendo todo mi empeño en entender el punto de vista de los adolescentes, y prepararme mejor para las respuestas y sugerencias que siempre debí hacer.

Lo mismo desde el punto de vista de la Orientación Vocacional. ¡Qué importante es conocer a los alumnos en su ser personal y académico, para poder ayudarlos a tomar una decisión adecuada!

Felizmente, la realidad de tantos ex alumnos ya profesionales y muy realizados con sus profesiones y situación laboral, que se abrazan a mí cuando me encuentran con un cariño indecible, me dan la tremenda alegría de saber que en algo contribuí a su realización personal. Curiosamente, como nadie es profeta en su tierra, mis hijos me decían que no podían entender a esos alumnos que concurrían a mi oficina para contarme sus cosas, que ellos no le contaban nada a sus profesores, que no lo necesitaban. Que ni se les ocurriría hacerlo. Creo que ni ellos ni yo, porque a mí me dolían sus comentarios, nos dábamos cuenta de que era porque lo hacíamos a diario.

Empecé trabajando muy joven, a los dieciocho años partí como profesora de un liceo vespertino. Mi primera experiencia docente, a excepción de las prácticas, que son situaciones especiales. En este liceo, dando Biología en cursos de últimos años de Enseñanza Media, humanidades en ese tiempo, conocí la realidad de muchas personas que después de su trabajo estudiaban, hasta avanzada la noche.

Al terminar las clases, mis alumnos adultos, me acompañaban a tomar el bus hacia mi casa; ni remotamente hubiera soñado con manejar el auto de mi papá, ¡eran otros tiempos! Por esa época me comprometí en matrimonio. Mi corta experiencia docente duró hasta que mi novio, hoy mi marido, que para entonces era marino y navegaba, llegó de un viaje en una oportunidad y fue a buscarme a la salida de clases. Conclusión, docencia abruptamente terminada, para tranquilidad de mis papás que no les gustaba que estuviera trabajando a esas horas. ¿Qué horas serían? ¿Las once de la noche?

Por alguna razón especial, siempre he tenido la felicidad de lograr una grata llegada con mis alumnos, hombres y mujeres.

Recién casada trabajé en un colegio religioso de niñas en Temuco, ciudad donde partimos a vivir. Mis alumnas del último curso tenían mi misma edad, algunas eran incluso mayores, sin embargo tuvieron la gran virtud de respetarme en mis funciones, y desde entonces aprendí que con los alumnos, uno debe ser muy cercano, pero no amigo. Todas ellas querían saber de la vida de casados, era simpático. Yo estaba sola con mi marido en la ciudad, mi familia era de Viña, ¡necesitaba tanto conversar! Sin embargo siempre supe distinguir que yo era la profesora, y ellas las alumnas. ¡Qué cariño más grande guardo por estos recuerdos!

Lo más impresionante fue que yo quería ser mamá, y no fue tan fácil, pero un día llegué a clases y al abrir el libro para pasar la lista, me encontré un muñequito de plástico en medio, con una notita que decía algo así como quiero que seas mi mamá, y efectivamente ese día había sabido que mi hijo venía en camino!

En otra oportunidad, hace unos años, volaba yo de San Francisco de California a Santiago, era un vuelo largo y llegué con mucha anticipación al aeropuerto. Para Chile,¡nadie! Me acerqué al counter de Lan y quise elegir mi asiento. La auxiliar me dijo que tomara cualquiera, no había nadie más. Tomé el 11 A , primera corrida de clase turista en ese vuelo. Al segundo se acercó un hombre de unos cuarenta años, moreno, de bigote y le dijo a la auxiliar ¡Si ella tomó el 11 A , a mí me da el 11 B por favor!

Nos miramos sorprendidas con la auxiliar, tomé mis cosas y me perdí en el aeropuerto con una sensación rarísima.

Pasó el tiempo y subimos al avión, me senté con toda tranquilidad junto a la ventanilla y el misterioso pasajero llegó al final y sonriente se sentó a mi lado. Miré todo lo que pude hacia afuera, hasta que nos entregaron los papelitos típicos para llenar, llené el mío y mi compañero de asiento sorpresivamente me dijo: Miss María Elena, como de costumbre, me presta su lápiz por favor? Lo miré atónita y por primera vez a la cara, y sí, había sido mi alumno en el Mac Kay de Viña! ¡Recordé su nombre, sus notas, su curso, todo! Fue un viaje increíble, nos reímos mucho y me decía que iba a ser el héroe de su generación, porque por fin podría contarles a todo su curso que había pasado la noche con su profe de biología!

Por ese tiempo estuvieron de moda unas películas eróticas con mujeres de todo tipo de profesiones y ocupaciones. Yo tuve la mía, “La profesora de Ciencias Naturales”, no les digo la cantidad de bromas al respecto que me llegaban, ¡sobre todo al trabajar en un colegio de hombres!

En realidad, es inevitable para una profesora que trabaja con alumnos de los últimos cursos, que algunos de ellos piensen que ella es lo más lindo del mundo y que llena todos sus sueños juveniles. Es como los niños que siempre se enamoran de sus mamás. ¡Siempre hay alumnos que se enamoran de sus profesoras, yo lo viví unas cuantas veces! Experiencias como éstas en colegios, tuve muchas y muy simpáticas. ¡Mis ex alumnos que lean esta nota, se acordarán y volverán a sonreír como entonces!

Tengo tantas experiencias tiernas y simpáticas que contar, que creo algún día me daré el tiempo necesario para escribirlas.

Hoy sólo quería reflexionar acerca de cómo transmitir pensamientos positivos y alegres a esas cabecitas tristes y preocupadas, que dejan pasar las pequeñas cosas, sin almacenarlas para ser el refuerzo energético de alegría en el momento en que nos bajan las defensas en el tema.

Josami


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Jose Antonio Amigo Ehijos Has Written 290 Articles For Us!

Decir algo de mi....seria limitarme....solo podria escribir ..que soy de diferentes maneras, formas de pensar y de actuar frente a distintas circunstancias, mi vida esta en constante cambio y aprendizaje, y la acato con gusto, ahora bien, mi real esencia y mi yo solo lo conocen las personas que realmente me quieren y aprecian....mis padres, unas amigas, unos amigos, un hermano... Amo esta vida, este planeta y todos los seres que habitan en el.
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Publicado por josami

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